viernes, 8 de agosto de 2014



1a. Parte:  ¿Por qué, para qué y cómo hacer un psicoanálisis?

Decidir realizar un psicoanálisis es un acto valiente y decidido que emprenden el analizante y el analista para reescribir una historia que logre transformar en la subjetividad del analizante, la manera en cómo se habita este implacable mundo. Es una práctica clínica privilegiada, es una relación absolutamente singular entre dos personas que se arriesgan a escuchar los ‘extraños’ textos del inconsciente, y que  le apuestan a un cambio, el cual sólo es posible si se llega hasta lo más profundo y enigmático del ser y del lenguaje. 

 El psicoanálisis no es nada sin la palabra. En cada sesión, el analista interviene puntuando el relato, el analizante deviene  ‘intérprete’ también, constructor de sus palabras y sentidos, artesano de su vida.
El analizante y el analista, se ocupan de aquella palabra que maldice, la que miente, la que dice mentir, la que se asume como verdad, la que duele, la que enciende al cuerpo, la más íntima, la que duda, la que desemboca en chiste, la grosera, la irrespetuosa, la impensada… y también de la palabra que se calla, y la que no puede dejar de no ser dicha, es decir, en cada sesión, los silencios, no dejan de decir algo, o mucho. 
 
El análisis es un paseo por los desfiladeros y límites del  lenguaje y de sus propios silencios. Esto es lo maravilloso de enfrentarse, retar y arrastrar al lenguaje, pues esto, lo que transforma la subjetividad del analizante, sesión tras sesión.  




2ª. Parte. Hacer un psicoanálisis.

Hacer un psicoanálisis, ayuda a ‘reconstruir’ un sentido al vivir, le apuesta a buscar un aceptable y/o alegre sentido a la propia historia pasada, presente y futura, ayuda a encontrarle un más o menos ‘justo’ y contento lugar a nuestra subjetividad en las cosas que cotidianamente hacemos, ayuda a que nuestra existencia se despliegue gustosamente en nuestras actividades, incluyendo en ello, sobre todo el deseo, la pasión, el pensamiento. 

Ayuda a que nuestras aspiraciones, ilusiones, expectativas encuentren un lugar en nuestro quehacer cotidiano.
Un psicoanálisis, es aprender a hacer artesanía de símbolos con el barro crudo del propio dolor, es desarrollar creatividad a partir del desierto del sufrimiento de la soledad,  un psicoanalista acompaña al analizante a enfrentar y tocar fondo en la angustia y en el propio infierno, viaje necesario que asegura un regreso sereno de aquel infierno con una llama y luz propia. 

Un psicoanalista –en principio- está preparado para ayudar al analizante a poder transformar –con una estética simbólica- su única manera de habitar este mundo.  El psicoanálisis no cambia el mundo, sólo ayuda a conocerlo mejor en sus entrañas, a descubrir sus trampas, a soportar sus mentiras, verdades e imposibilidades, así como sus tragedias. Las sesiones de análisis enseñan a sobrellevar con una cierta sonrisa sabia, las vicisitudes, imponderables, misterios y malestar de este tiempo que nos tocó vivir. 

Un psicoanálisis ayuda a descubrir los deseos inconscientes, ayuda a reconocer aquellos ilusos caminos que hemos creído nos llevan a nuestro deseo. Un psicoanálisis ayuda a desenmascarar las trampas que nos engañan y nos hacen creer que vamos por el camino del deseo. Un psicoanálisis nos ayuda a soportar el dolor de existir, el dolor que a veces cala hasta en el respirar y nos produce el extraño sentimiento  de estar fuera de lugar y de tiempo, el sentimiento que nos genera tristeza o nostalgia por no estar junto a la persona deseada o amada.
Un psicoanálisis ayuda a comprender nuestras enrancias y exilios que tenemos a lo largo de nuestra vida, e incluso, los exilios de nosotros mismos. 

Un psicoanálisis ayuda a soportar nuestras contradicciones, nuestros fantasmas, los sentimientos de envidia, celos, corajes, desamor, insatisfacción, un psicoanálisis ayuda a salir del aburrimiento que a veces se cuela por la ventana, y ayuda a poner a bailar la actividad del deseo frente a la fatiga de ser siempre uno mismo y lo lanza a asumir sin mucho miedo el riesgo de acercarse al deseo de otro, de su enigmática otredad… ”. 

Mainz 26 marzo 2014




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